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Cómo evitar la pérdida de nuestros dientes

Cómo evitar la pérdida de nuestros dientes

En una sociedad tan avanzada como la nuestra sigue existiendo una terrible epidemia que puede afectar tanto a jóvenes como a mayores, y es la pérdida de los dientes naturales. Su consecuencia no es sólo la pérdida de un órgano fundamental para nuestro día a día sino que supone en muchos casos una pérdida de calidad de vida considerable.

Existen infinidad de técnicas y métodos para reponerlos, como son los implantes dentales como técnica más avanzada y aceptada actualmente, y aunque cumplan muchas de las funciones asociadas a los dientes de forma más que satisfactoria, en términos biológicos no se pueden comparar completamente con un diente natural y las estructuras que lo rodean.

La mayoría de dientes se pierden por dos patologías: caries, generalmente en las personas más jóvenes y periodontitis en las personas más mayores. Tanto una como otra suelen iniciarse en un lugar del diente que muchas veces carece del cuidado necesario, el área interdental.

De esta forma, para muchas personas el cuidado de los dientes supone únicamente el cuidado de las caras externas de los dientes, olvidando un parte tan importante y decisiva como es la parte interior. Y lo es por muchos motivos:

  • Por su anatomía muchas veces cóncava o con surcos o fisuras que hacen que se acumule la placa o biopelícula bacteriana.
  • Por la proximidad que se da en premolares y molares
  • Por la posibilidad de alojarse las biopelículas bacterianas justo debajo del punto de contacto entre dientes.

En definitiva son muchas las razones por las que debe prestarse atención a esta zona tan complicada de higienizar. Para ello disponemos de elementos físicos que serán de gran ayuda. En primer lugar, hilo dental, imprescindible cuando no hay espacio entre dientes, es decir,  la encía ocupa todo el espacio interdental, y para higienizar justo por debajo del punto de contacto, evitando así la formación de caries. Si hay espacio entre dientes entonces debemos recurrir a los cepillos interproximales, que tienen distintos tamaños y configuraciones para facilitar el uso y la adaptación al espacio interdental.

Por lo tanto, no existe una excusa para no realizar este tipo de higiene después del cepillado, y de esta forma asegurarnos la conservación de un órgano fundamental para una vida saludable como es el diente y las estructuras que lo rodean.

 

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